La depresión, es una enfermedad grave y común que nos afecta física y mentalmente en nuestro modo de sentir y de pensar. La depresión nos puede provocar deseos de alejarnos de nuestra familia, amigos, trabajo, y escuela. Puede además causarnos ansiedad, pérdida del sueño, del apetito, y falta de interés o placer en realizar diferentes actividades.
Casi todos nosotros hemos sentido alguna vez, una inmensa tristeza en nuestras vidas. Esto es normal. Pero si esta tristeza o actitud depresiva continúa por más de dos semanas, se debe buscar ayuda. Sentir tristeza es normal, estar deprimido clínicamente no lo es.
La depresión no es simplemente una angustia, es también una tristeza o melancolía permanente. Nos lleva a sentir inútiles, sin esperanza; a veces, es posible que nos queramos dar por vencidos. La depresión causa pérdida del placer en la vida diaria, tensión en el trabajo y en las relaciones, agrava condiciones médicas e incluso puede llevarle al suicidio.
Puede afectar a cualquier persona, de cualquier nivel económico y en cualquier edad. ¡Las enfermedades mentales no discriminan! Afectan a ricos y pobres, blancos y negros, hispano/latinos y asiáticos, ancianos y niños.
Las razones para caer en un estado depresivo son muy variadas. Algunas personas caen en depresión clínica cuando experimentan un acontecimiento emotivo en sus vidas, por ejemplo, cuando perdemos el trabajo o terminamos una relación amorosa importante.
A otras personas les puede afectar como resultado de una suma de factores y acontecimientos: Cuando migramos y dejamos atrás en nuestro país nuestra familia y amigos más queridos; cuando sentimos falta de habilidad para comunicarnos; cuando nos resulta difícil entender e integrarnos a una nueva cultura. Sin embargo, hay gente que puede llegar a sentirse deprimida sin ninguna advertencia previa.

Algunos factores que pueden contribuir a la depresión son entre otros:
- Sexo, las mujeres sufren dos veces más de depresión que los hombres. Aunque las razones no son claras, existen diferencias genéticas y hormonales que pueden contribuir a la depresión.
- Antecedentes familiares, cuando algún miembro de su familia padece de depresión severa, hay el doble de posibilidades para adquirirla. Aunque puede ocurrir en personas que no tienen parientes con depresión.
- Uso de ciertas medicinas, algunos medicamentos con o sin receta médica pueden causar depresión clínica.
- Cambios o dificultades en la vida, tales como divorcio, jubilación, la muerte de un ser querido, pérdida del trabajo, cambio de país y estilo de vida, crecientes presiones en el trabajo o incremento en la pobreza.
- Sentimientos de pérdida de control sobre nuestras vidas. Aquellas personas a menudo sienten que perdieron el control y pasan mucho tiempo lamentándose por ello, tienen mayor probabilidad de desarrollar una depresión mayor.
- Presencia de otras enfermedades tales como Alzheimer, cáncer, diabetes, afecciones al corazón, desórdenes hormonales, mal de Parkinson o trombosis. Así como también otros trastornos mentales como la ansiedad y trastornos de la alimentación.
- Abuso del alcohol o drogas, cuando se tiene problemas de consumo de alcohol y otras drogas se tiene mayor probabilidad de desarrollar una depresión mayor.
Que sucede a nivel cerebral
El hipocampo es un área cerebral muy importante para el aprendizaje y las emociones. Cuando padecemos depresión el cerebro se inflama, esto provoca una pérdida de conexiones interneuronales y que se reduce la neurogénesis.
De esta manera el volumen de distintas áreas cerebrales merma, y es que si bien este fenómeno afecta especialmente al hipocampo, también puede darse en la corteza prefrontal y en la amígdala cerebral, tres zonas muy implicadas en la generación de emociones.
Estas modificaciones hacen que estas áreas se vuelvan funcionalmente más ineficientes, lo que da lugar a mayores niveles de estrés y miedo.
El cerebro, depresión y disminución de neurotransmisores

Este fenómeno está muy bien contrastado, a pesar de que hasta hace pocos años se desconocía. Lo que se ha descubierto es que las emociones negativas producen la liberación de moléculas proinflamatorias, como las citoquinas IL-6 e IL-1, o el cortisol, que son capaces de dañar al cerebro de diversas formas:
- Menor producción de neurotransmisores.
- Disminución del hipocampo.
- Aterosclerosis en los vasos sanguíneos cerebrales.
Esto da lugar a una reducción del flujo sanguíneo en algunas zonas, lo que empeora su funcionamiento y se vincula con más probabilidades de padecer depresión.
Si la inflamación se produce por otras causas que no sean las emociones negativas, también se favorecen estos procesos. Por tanto la relación entre depresión e inflamación es bidireccional, una favorece siempre a la otra.
Desconexión de la amígdala cerebral
La amígdala cerebral es como un centinela de las emociones, que valora cada situación y, de manera casi inmediata, da la voz de alarma cuando percibe una potencial amenaza.
Su activación se da de manera inconsciente, pues las áreas cerebrales que procesan la información a nivel consciente actúan más lentamente.
Por tanto los neurotransmisores cerebrales que regulan el funcionamiento del cerebro, están bloqueados o disminuidos, destacando:
Serotonina, dopamina, noradrenalina, melatonina
En función de cuál o cuáles sean los neurotransmisores más afectados, se presentarán los diversos síntomas de la depresión, siendo ésta la clave para la elección del tipo de tratamiento farmacológico.
Por ello hay que preguntarnos.
- ¿Se siente triste, ansioso, o tiene un sentimiento de vacío permanente?
- ¿Tiene sentimiento de culpa, no le encuentra sentido a su vida, o está desesperado?
- ¿Tiene problemas para concentrarse, memorizar, o tomar decisiones?
- ¿Se siente muy cansado, débil o sin energía?
- ¿Tiene problemas para dormir, padece de insomnio o se da cuenta de que está durmiendo demasiado?
- ¿Ha perdido el apetito y el interés en comer o por el contrario, encuentra que está comiendo todo el tiempo?
- ¿Se siente irritado o desesperado?
- ¿Tiene dolores y sufrimientos que no se alivian por más que lo ha intentado?
- ¿Ha perdido interés en actividades que antes disfrutaba, incluyendo el sexo?
- ¿Tiene sentimientos de culpa, desespero, abandono, pesimismo o desesperanza?
- ¿Tiene pensamientos suicidas o de muerte?
¿Cómo se trata la depresión?

Las maneras más comunes de tratar la depresión son suministrando medicamentos, psicoterapia, o una combinación de ambos. La elección del tratamiento depende de:
- la severidad de los síntomas,
- los antecedentes de la enfermedad,
- la preferencia de la persona.
- DIAGNOSTICO DE DEPRESIÓN EN EL ADULTO MAYOR Para realizar el diagnóstico de depresión en el adulto mayor, se propone efectuar dos preguntas.
- 1. ¿Durante el mes pasado, se ha sentido deprimido o sin esperanza?
- 2. ¿Durante el mes pasado, se ha sentido con poco interés o placer en hacer sus cosas? Ambas preguntas tuvieron una sensibilidad del 97 % y una especificidad del 67 %, por lo que se consideran muy útiles como preguntas claves de escrutinio preguntas claves de escrutinio preguntas claves de escrutinio para hacer diagnóstico de depresión.
- Este es un estudio de cohorte efectuado en atención primaria. Ha sido validado y comparado con la escala de Yesavage de 30 reactivos [Geriatric Depression Scale (GDS)].
- La escala de depresión geriátrica (GDS) de 30 y 15 reactivos, actualmente es la herramienta más útil para la detección de depresión en ancianos, con una sensibilidad y especificidad de 97% y 85% respectivamente.
- Hay que tomar en cuenta que en el adulto mayor existen diferencias en la presentación clínica diferentes de los adultos jóvenes, en los primeros, es más frecuente encontrar: Irritabilidad o enojo, agitación, ansiedad, preocupación, pérdida del apetito con pérdida de peso, somatización, deterioro cognitivo y/o alteraciones de la memoria, actitudes obsesivas y compulsivas, aislamiento social, problemas maritales.
- Los profesionales de la salud deben de efectuar un abordaje estructurado y metódico en el diagnóstico de depresión en el adulto mayor y se deberá referir al paciente al nivel correspondiente cuando el resultado del GDS sea ≥ 6/15 puntos.
Alternativas de tratamiento NO farmacológico para la depresión:
La terapia electroconvulsiva (TEC) o terapia por electroshock es un tratamiento biológico que consiste en inducir, mediante estímulos eléctricos, una convulsión tónico-clónica generalizada y controlada en el Sistema Nervioso Central.
La TEC es una técnica ampliamente aplicada en psiquiatría para tratar la depresión grave y otras afecciones mentales graves, aunque existe una gran variabilidad de uso dependiendo de los países y hospitales donde se aplique.
La TEC se ha mostrado significativamente superior a la TEC simulada y la farmacoterapia en la reducción de los síntomas depresivos a corto plazo, aunque parece ser necesario un tratamiento de continuación para mantener las mejorías alcanzadas.
En cuanto a las distintas modalidades de aplicación de la técnica, la aplicación bifrontal no se diferencia en su eficacia de la bitemporal o la unilateral. Una mayor dosis de carga eléctrica, independientemente de la localización, resulta más eficaz.
En cuanto al tipo de depresión, la TEC parece más efectiva en la depresión psicótica que en la no-psicótica, y en pacientes sin resistencia al tratamiento farmacológico previo frente a aquellos que no han respondido a fármacos.
Respecto a la seguridad de la técnica, se observa un deterioro en varios dominios cognitivos inmediatamente después del tratamiento. Estos efectos son intensos en el caso de la memoria y el funcionamiento ejecutivo, y entre pequeños y moderados para el resto. Sin embargo, tras los primeros días se observa una recuperación en todos los dominios deteriorados, e incluso una mejoría con respecto a los valores de línea base en varios dominios. Se necesitan más estudios controlados que confirmen estos datos, y que analicen la seguridad de la TEC cuando es aplicada durante largos periodos de tiempo.
Desde la perspectiva del SNS, la probabilidad de que la EMTr seguida de TEC sea más coste-efectiva que TEC es pequeña, si bien esta perspectiva no tiene en cuenta los costes incurridos directamente por los pacientes, así como las pérdidas de productividad debida a bajas laborales.
Recomendaciones:
Se recomienda la aplicación de la TEC para el tratamiento de la depresión aguda en pacientes con depresión grave o que no respondan a farmacoterapia. Dada la incertidumbre aun existente sobre sus efectos cognitivos, la elección de esta intervención debe formar parte de un proceso de toma de decisiones compartida con el paciente y su entorno familiar.
Durante el proceso de tratamiento es importante monitorizar el estatus cognitivo de los pacientes mediante instrumentos objetivos estandarizados, así como la percepción de los pacientes sobre los beneficios obtenidos y los EAs percibidos.
Molet ha precisado que la técnica consiste en la colocación de los electrodos por medio de cirugía estereotáxica en el área subcallosa del cíngulo (Cg-25) que están conectados de forma permanente a un neuroestimulador que se aloja en la pared abdominal del paciente.
El mecanismo neurobiológico que media los cambios clínicos que induce esta técnica se desconocen, pero los datos observados en los estudios electrofisiológicos sugieren que los efectos pueden ser excitadores o inhibidores en función del tipo de fibras que se estimulan. Esta intervención por el momento no se puede sistematizar como tratamiento para los pacientes con depresión mayor refractaria, ya que son necesarios nuevos estudios en poblaciones más grandes para confirmar su utilidad.
FB LEOPOLDO HERRERA GOMEZ. NEUROCIRUJANO










