Sobreviviendo Covid en Casa

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La vida nos cambió en un minuto. Todo aquello que dábamos por hecho y que repetíamos mecánicamente sin siquiera pensarlo ya no es…la pregunta es cómo será una vez que esto termine. Sí, me refiero a nuestra forma de vivir, al subirnos al transporte público para llegar al trabajo, el pararnos en un puesto a comprar quesadillas, recibir el sueldo cada día 15, ir a visitar a los abuelos, llevar a los niños al parque, a la escuela.

Y de repente nos encontramos encerradas, llenas de incertidumbre, de miedo, pensando si cuando termine seguiremos teniendo trabajo y dinero para lo básico e indispensable, si nuestra familia estará bien, si seguiremos vivas.

El encierro a veces parece una prisión, pero puede ser la gran oportunidad que necesitamos para recomenzar o simplemente para empezar una nueva carrera, una nueva forma de vivir, de relacionarnos, de funcionar.

Vamos por lo más obvio, lo que nos rodea. Este es un buen momento para reinventar el funcionamiento del hogar. La mayoría de las madres de esta generación, decidimos ser más comprensivas con nuestros hijos, quisimos evitarles todo aquello que para nosotras fue una desagradable obligación, como tender la cama, ir a las tortillas, lavar los platos o cuidar al hermano menor y los hicimos comodinos, exigentes, berrinchudos y demandantes. Ante lo nuevo y desconocido será momento de replantearnos si la forma en que los tratamos actualmente será buena para ellos, si los ayudará a sobrevivir en un mundo incierto. De modo que crear nuevas reglas de convivencia y obligaciones en el hogar y para con la familia suena indispensable.

HAY QUE REPLANTEARNOS SI LOS EDUCAMOS PARA SOBREVIVIR EN ESTE MUNDO.

Nuestra casa puede ser una prisión o un autentico refugio de paz y armonía. Esto depende de varios factores como: la convivencia familiar, la limpieza del lugar, el orden y la decoración. Si hemos de pasar tantas horas y días en un mismo lugar, mejor será tener todo perfectamente ordenado y localizable. Es un buen momento para darnos cuenta si lo que tenemos es indispensable, útil, agradable, si se puede reutilizar, o bien, si solo se trata de objetos acumulados a través de una vida.

CLASIFICA LA ROPA. ¿LA QUIERO Y NECESITO?

Para esto necesitamos sacar cosa por cosa, incluida la ropa y calificarla: ¿sirve aún? ¿se puede modificar o arreglar? ¿lo necesito? ¿lo quiero? ¿le sirve a alguien más? ¿sus partes pueden utilizarse para construir otra cosa? 

Nadie sabe qué va a pasar mientras y después, cuando la emergencia haya terminado. No es momento de tirar, sino de reusar y de repartir. Piensa en una sabana o en una toalla vieja y con hoyos; antes la hubiéramos botado, hoy pensemos en cortarla para hacer trapos o pequeñas toallas personales que se puedan lavar y desinfectar diariamente. Lo mismo con la ropa, ¿será necesario ir a la moda?, ¿habrá moda? Algo me dice que vienen tiempos distintos, donde cada uno hará lo que puede con lo que tiene, así que ya podríamos empezar a ver qué prendas conservar, cuáles se pueden modificar o donar.

El Feng Shui es la filosofía oriental que busca la armonía entre el ser humano y todo lo que lo rodea. Uno de sus fundamentos es la no acumulación y especialmente el no almacenar objetos que no sirven o no se usan, porque guardan o generan energía negativa  en nuestro hogar. El Universo lo piensa así: Si tiene todo lleno, no necesita nada más. Si le gusta lo roto o descompuesto ¿para qué le mando nuevo?

Ponte justo al centro de tu casa y mira alrededor, este es un gran momento para cambiar aquello que siempre te ha molestado. 

Revisa cosa por cosa. Mejor tener pocas que sean útiles y bonitas, que muchos objetos feos e inservibles. 

Mueve los sillones y mesas de lugar, esto también moverá la energía.

Pinta las paredes de tu casa. Es increíble el cambio de ambiente que se percibe con tan solo elegir el color adecuado.

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