Algunas personas se creen marionetas en manos del azar, y que la vida se rige por accidentes y coincidencias, como si cada una de nuestras decisiones no tuvieran un peso, o una incidencia tanto en nuestro camino, como en nuestro devenir; lo cual solamente refuerza nuestro sentido de victimismo en una actitud resignada, reprimida y furiosa.
¿No será que en realidad tenemos miedo a la libertad?
Pues realmente, mientras sigamos dándole la vuelta a las decisiones que hemos de tomar y postergándolas, seremos “caldo de cultivo” para pensar que nuestra vida no depende de nosotros y que tenemos derecho a eludir responsabilidades; hasta que un día lleguemos a preguntarnos: ¿Cómo llegué hasta aquí? ¿ O por qué yo? en lugar de PARA QUÉ me está sucediendo esto, el por qué resulta ser una pregunta sórdida sin respuesta que finalmente lo único que procura y promueve es una sensación ínfima de impotencia.
Sin embargo el para qué resulta que en la pregunta lleva implícita una respuesta con propósito que invita a ir tomando la responsabilidad de los hechos, a través de un enfoque constructivo y eficiente; además del aprendizaje, sea cual sea la experiencia.

Nadie es un accidente , cada vida tiene un propósito y una utilidad, y todos somos aprendices y maestros a la vez.
Y que no nos quepa duda alguna, de que en este preciso instante estamos viviendo los resultados y consecuencias de nuestra forma de pensamiento anterior y de la manera de actuar decidida.
Digamos que en la Ley de la Sincronicidad, aquello que nos acontece, bueno o malo, está ahí, para que aprendamos sobre nosotros mismos.
Es la resistencia a ver la vida como un aprendizaje continuo, lo que hace que suframos, y la padezcamos, atrincherándonos en vivir sólo aquellos que elegimos evadiéndonos de una oportunidad de crecimiento real.
Si por ejemplo, somos personas miedosas e inseguras, la vida nos presentará pruebas para lograr tener la confianza y el valor suficiente para enfrentarlas .
Es como si nuestros procesos internos se vieran plasmados en el mundo externo, invitándonos a crecer y madurar, a pesar de nosotros mismos.
Pero esto no es ningún descubrimiento, en oriente, alrededor del siglo V antes de Cristo, ya se hablaba de la ley del karma, lo cual no es más que la ley de causa y efecto- “todo lo que pensamos, decimos o hacemos, tiene consecuencias tanto favorecedoras como desafiantes.
Por todo lo antes dicho, podemos aseverar que la casualidad no existe, pero que la causalidad está en nuestras manos.
Cada quien recibe lo que da , lo cual nos ayudará a no caer ni por casualidad, en las garras obscuras del victimismo.
Ana Arjona Tanatóloga e Hipnoterapeuta
anarjonad@gmail.com










