Respeto y Tolerancia… Junio mes LGTB

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En junio desde hace algunos años la bandera de arcoíris es representativa del mes LGBT porque se ha instituido y aceptado como el mes para hacer consciencia sobre otras formas de identidad y de amar que no tienen que ser la predominante heterosexualidad.

No ha  sido nada sencillo, para llegar aquí aún hoy en día han tenido que pasar muchas tragedias como crímenes de odio o destierro de las familias de algún miembro que tenga una identidad de género diferente a la esperada por ese Otro que propone Lacan y al que hay que cumplirle sus deseos por encima del propio.

Con el tiempo se han ido agregando letras a esta comunidad de seres humanos como cualquier otro, así que me gustaría describirlos:

L lesbiana, mujer que se siente atraída erótica y afectivamente por otras mujeres

G gay hombre que se siente atraído erótica y afectivamente hacia otro hombre

B bisexual persona que se siente atraída erótica y efectivamente por personas de ambos sexos.

T transgénero persona que se concibe y expresa como perteneciente al género opuesto al que social y culturalmente se asigna a su sexo de nacimiento.

T transexual persona que se siente y se concibe como perteneciente al género y sexo opuesto a lo que social y culturalmente se le asigna en función a su sexo de nacimiento y opta por una opción quirúrgica para revertirlo.

T travesti persona que gusta de presentar de forma transitoria o duradera una apariencia opuesta a la del género que social

I intersexual persona que nace con algunas características biológicas que son consideradas “femeninas” y otras que son consideradas “masculinas”

Q queer honestamente el que menos me gusta, porque en inglés si podría tomarse como peyorativo en la lengua inglesa, significa entre otros adjetivos que me reservo a usar “raro”, pero bueno eso es un sentimiento personal. Son personas que además de no identificarse y rechazar el género socialmente asignado a su sexo de nacimiento, tampoco se identifican con el otro género o con alguno en particular.

Finalmente creo que ser raro es bueno, nadie que no sobresalga del rebaño ha podido encontrar un puesto de reconocimiento o admiración.

Entonces, tenemos LGBTTTIQ, muchas letras para designar diferentes identidades pero que tienen en común que son seres humanos con una forma distinta de expresarse y de amar.

Y aquí me detengo a reflexionar que son grupos que han sido odiados por no cumplir el deseo de una mayoría pero que no lo han cumplido por amar diferente no por odiar.

Aquellos con rasgos homofóbicos pudieran tener identidades tan endebles que les espanta lo diferente. Bueno en general lo diferente espanta, pero que tanto espanta porque entonces de manera identificativa me expone a pensar que cada individuo inclusive yo, puedo dar horror a otras personas y entonces el sentido de pertenencia a un grupo socialmente aceptado se debilitaría.

Igual que cuando en marzo dije que soñaba con que no se tuviera que festejar un día o mes de la mujer, porque al respetarse mis garantías constitucionales tendrían que festejarme el 5 de febrero, igual creo que aplica para el tema que hoy abordo. Sueño con que una bandera enarbole el respeto hacia la subjetividad propia y la otredad de mis semejantes y el amar triunfe sobre el odiar.

¡Y también me inquietan tantas etiquetas! Esa desesperante necesidad de separar y poner adjetivos. Me hace pensar en lo narcisista que somos porque ¿quién está autorizado al juicio de otro y quién está calificado para decidir qué color somos?

Una anécdota interesante que quería contarles es que por allá en 1935, Sigmund Freud recibió una carta de una madre que estaba muy preocupada por la orientación sexual de su hijo y  le contestó de esta manera:

Estimada Sra.

Entiendo por su carta que su hijo es homosexual. Estoy impresionado sobre todo por el hecho de que usted no menciona este término en su información sobre él. ¿Puedo preguntarle por qué lo evita? La homosexualidad ciertamente no es una ventaja, pero no es nada de qué avergonzarse, no es un vicio, no es degradación; no puede ser clasificada como enfermedad; la consideramos una variación de la función sexual, producida por cierto freno en el desarrollo sexual. Muchos individuos altamente respetables de tiempos antiguos y modernos han sido homosexuales, incluyendo muchos de los hombres más grandes (Platón, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, etc.). Es una tremenda injusticia el perseguir la homosexualidad como un crimen. Y una crueldad también. Si no me cree, lea los libros de Havelock Ellis.

Al preguntarme si puedo ayudarle, usted se refiere, supongo, a que si puedo suprimir la homosexualidad y hacer que la heterosexualidad normal tome su lugar. La respuesta es, de modo general, que no podemos prometer lograrlo. En cierto número de casos logramos desarrollar los gérmenes malogrados de las tendencias homosexuales, que están presentes en cada homosexual; en la mayoría de casos ya no es posible. Es cuestión de las cualidades y la edad del individuo. El resultado del tratamiento no puede predecirse.

Qué análisis puedo hacer por su hijo es una línea diferente. Si él es infeliz, neurótico, agobiado por conflictos, inhibido en su vida social, el análisis puede traerle armonía, paz mental, eficiencia total, ya sea que siga siendo homosexual o cambie.

O sea, desde 1935, Freud se dio cuenta que se trataba de un asunto de trauma, identidad, identificación, aceptación. Y atreviéndome a poner las palabras de esta carta en mis conclusiones personales, diría que efectivamente la madre se preocupaba porque su hijo tuviera algún tipo de enfermedad. La motivación, me parece es amor, pero no aceptación.

Ya es de por sí difícil encontrar en cualquier persona, sin importar su género, una identidad que estará marcada por las identificaciones propias de la metáfora del complejo de Edipo, por la necesidad de aceptación y pertenencia, por el cumplimiento del deseo del otro como para aparte ser atacado y estigmatizado. ¡Y miren que soy mujer heterosexual, y aun así se nos discrimina, ataca e inferioriza!

Leer la carta de Sigmund Freud me hizo pensar que como persona estoy más orgullosa de rodearme de personas que aman y no que odian. Que me sentiría mucho más orgullosa de tener un familiar gay que un macho que siente ansiedad de castración y por eso agrede.

Definitivamente me voy por la vía del amor, del respeto, de la tolerancia porque solo así yo podré exigir ser amada, respetada y tolerada. La diversidad es maravillosa. Me imagino un mundo sin opciones si no fuéramos diferentes y me parece por demás plano y aburrido.  ¡Vivan las diferencias que nos hacen complementarios!

Por lo tanto no me queda más que quitarme el sobrero ante las personas, sin distinción de género, que han tenido la valentía de luchar por definir su personalidad desde el amor por sí mismos, lo que les permite ser capaces de darlo. Y esto no es cuestión de elección de género, es cuestión de respeto. Sin ser psicoanalista, Benito Juárez dijo una máxima digna de análisis Lacaniano: “!el respeto al derecho ajeno, es la paz!”

Hay un par de series interesantes para quienes quisieran conocer un poco más de lo que se vive en esta comunidad una es Pose y la otra Girl en plataformas digitales. Tal vez un poco de empatía surja.

Mónica Chong Psicoanalista