¿Qué Tanto se Espera de la Maternidad?

0
913

Quisiera compartirles algunas reflexiones que me han surgido últimamente respecto a este asunto de la maternidad en cuanto a la función que se desea y por otra parte se espera de ella.

Me hizo pensar en qué tanto las mujeres hemos sido inoculadas desde pequeñas con el deseo de otros por ser madres. Me refiero a los juegos de roles típicamente femeninos y masculinos.

¡A nosotras claro que nos gustaban las muñecas! Pero un niño no fue animado a despertar su instinto parental igual que una niña. Tengo esperanza que las cosas estén cambiando porque eso significaría dar a todos, sin importar nuestro género, la oportunidad de primero decidir si se desea ejercer la maternidad o la paternidad y después hacerlo desde el deseo propio no desde la expectativa de los demás.

Eso ya da libertad de elección y una mejor posibilidad de ejercer una maternidad no solo responsable, sino disfrutable.

Les he de decir que, en mi práctica, he visto en el consultorio toda una gama de diferentes circunstancias relacionadas con la mujer y la maternidad. He visto aquellas que realmente desean con anhelo gestar en su vientre a un hijo y algunas otras que creen que no están en condiciones ya sea por cuestiones económicas, profesionales o de pareja para pensar en un embarazo.

También he visto mujeres que han tenido que renunciar a esta posibilidad por cuestiones de salud y curiosamente lo que les lastima es que la fisiología les haya quitado la oportunidad de gestar.

Y aquí es donde me gustaría ahondar en la reflexión, ¿Qué se espera de la maternidad?

Y solo de hacerme esta pregunta me gustaría proponer un cambio en ella para preguntarnos si en realidad no se trata de que se espera que una mujer esté embarazada más que ser madre.

Entonces de la maternidad en realidad se espera que una mujer ejerza el papel de amorosa cuidadora y formadora de individuos que al final arrojará al mundo y eso afecta a la sociedad entera.

La maternidad no se ejerce con el embarazo ni por la labor de parto. Ahí apenas se está gestando la verdadera esencia de la maternidad, diría yo.

No sólo va a nacer un nuevo niño, va a nacer una madre. Ser madre debiera ser un motivo de elección y regocijo, insisto en ello, porque si no, los pequeños llevarán en su formación por identificación y amor al objeto materno, aquello que esta madre proyecte en su hijo y puede proyectar inclusive su deseo de no haber sido madre en un caso extremo, pero el pequeño ya está aquí, habría que acercarse a un especialista de salud mental para hacer frente a esta realidad y sus consecuencias.

No por nada la psicoanalista francesa Françoise Doltó dijo atinadamente que los hijos son el síntoma de los padres. En este caso estoy reduciéndolo deliberadamente a la madre puesto que es ella quien gesta, pero la figura paterna espero poder abordarla en otra ocasión y seguramente veremos que ambos son indispensables en la formación de un nuevo individuo.

De la maternidad debiera esperarse amor. Solo eso. Que es todo.

También debiéramos esperar responsabilidad respecto al conocimiento de que una vida humana está a cargo y en manos de la madre, con la fe ciega que un nuevo ser tiene.

Por eso creo también que de la maternidad se espera honestidad para ejercerla o no ejercerla.

Quiero decir, que nada debe obligar a una mujer a ser madre o a no serlo. No es cuestión de una moda, de una exigencia social; es una cuestión más profunda porque implica un cambio de vida para muchos involucrados.

La maternidad no es gestar, es ejercer el cuidado amoroso de la formación por propia voluntad y deseo de otro ser humano. Existen muchas formas de ser madre: la adopción, la fertilización in vitro, el acompañamiento en la crianza del hijo de alguien más, por ejemplo.

La maternidad es según la propuesta de Wilfred Bion, servir de continente amoroso ante los desbordes emocionales del bebé que aún no entiende de que se trata este juego de estar en este mundo. Es también opino yo, tener la capacidad de dar amor, y en combinación con la propuesta del psicoanalista que acabo de citar, poner límites amorosos para ir formando una personalidad al pequeño, que lo hará en su momento un individuo.

Como decía bien Donald Winnicott, lograr encontrar un balance que haga de esa mujer una madre suficientemente buena, es decir, en palabras más cotidianas, ni muy permisiva ni muy tirana.

Nadie sabe cómo ejercer la maternidad hasta que no se vive, yo creo que vamos dando lo que podemos desde quienes somos y lo que nos ha construido, por eso creo también que de la maternidad se espera romper con patrones patológicos, tiranos y viciosos que han perdurado por generaciones.

No todas las historias de maternidad son lindas y románticas, hay historias fuertes, duras, injustas también.

Ya sea que seamos madres o no, lo deseemos o no, les invito a ser, antes que nada, mujeres congruentes y libres en nuestro deseo.

Mónica Chong. Psicoanalista