Un tema de gran importancia, pero del que casi no se habla o incluso se evita, es el de las pérdidas gestacionales. Marcial Padilla Director de Con Participación, una organización no gubernamental y Mari Carmen Alva López, del Instituto IRMA, A. C. abordaron este tema hace unos días.
Mari Carmen explica que la experiencia de un aborto es “un drama poco conocido y hablado, pues a veces se piensa que lo que se dio natural, naturalmente se quita (…), que el tiempo cura todo”.
Existen muchos prejuicios ante la solicitud de ayuda de algún profesional, sin embargo, el hecho de que ese alguien con quien soñaste murió y no lo llegaste a conocer produce un impacto en tu vida. Mencionó que los perfiles de las mujeres varían y esto depende de muchos factores, como el tiempo que duró el embarazo o las circunstancias que vive la mujer.
Algunas pueden experimentar tristeza, dolor, enojo y frustración por el sueño no realizado de tener un hijo. “No es necesario tener claridad desde el principio sobre lo que se siente, o a veces no se está completamente consciente de la pérdida, pero se experimenta un vacío que requiere atención”, indicó.
Por otra parte, Mari Carmen Alva comentó que cuando alguien ha tenido una pérdida por un aborto deliberado o espontáneo puede pasar por distintas circunstancias. Marcial preguntó cuáles de ellas serían las más frecuentes, y cuáles son las señales que indican que puede haber un duelo por una pérdida gestacional.
“La situación de pandemia nos ha hecho más sensibles a la pérdida de un ser querido y a la salud mental. Cuando fallece alguien cercano solemos defendernos, a nadie nos gusta tocar el dolor, le rehuimos naturalmente, huimos porque requiere fortaleza”, expuso Mari Carmen.

Agregó que, ante la vivencia de pasar por un terremoto, por ejemplo, la persona tiene la sensación de que pudo haber muerto en esa circunstancia, “es una manera de experimentar lo que llamamos el trauma. Mi integridad se vio vulnerable. Eso es lo mismo que experimenta una persona que pierde un hijo mediante el aborto. Dentro de mí, murió alguien”.
Agrega que inconscientemente la persona bloquea emociones, pues si comprendiera en ese mismo instante lo sucedido, podría perderse (psicológicamente hablando). Cuando se pierde un hijo en el embarazo no hay un cuerpo que enterrar y es un trauma para la madre.
Reiteró que no importa si el aborto es espontáneo o provocado, igualmente pueden aparecer los sentimientos de tristeza con posterioridad al aborto. En la experiencia de IRMA a veces las personas no tienen claridad del trauma que viven y de lo que hay en su interior hasta que se vive el proceso de acompañamiento.
Marcial le preguntó a la directora de IRMA sobre cómo funciona el acompañamiento que se da en la institución. Mari Carmen respondió: “El inicio es un ‘me siento mal’ y este sentir no me permite continuar mi vida como la llevaba, me siento débil, me siento triste, me siento enojada, de alguna manera esto me incapacita para seguir adelante. El primer paso es reconocer cómo se siente (la persona) y el segundo es pedir ayuda”. El proceso comienza con una emoción reconocida.
Mari Carmen comentó: “Lo más fuerte de esto es lo que nosotros no vemos, porque alrededor de toda pérdida gestacional suele haber mucho silencio por pena, por vergüenza”. Agregó que cuando la persona recurre al aborto (provocado) no se atreve a hablar y pedir ayuda porque fue ella misma quien tomó la iniciativa de hacerlo.
En un aborto espontáneo la persona puede sentirse avergonzada de verse vulnerable y puede pensar: “Qué pena que no puedo manejar esto”. Agregó que muchas veces sucede que la persona no sabe cómo expresar lo que sucedió y para desahogarse necesita externarlo con alguien que sepa escuchar, porque no todo mundo sabe cómo hacer un acompañamiento. Es importante ser “una gran oreja” y una “boca chiquita”, enfatizó.
En este proceso de acompañamiento, Mari Carmen comentó que de alguna manera la persona se reconoce vulnerable, “como padeciendo de algo”. Comentó que el estilo de IRMA “va muy de la mano con la filosofía personalista, con el enfoque logoterapéutico que ayuda a identificar con qué cuentas el día de hoy y a encontrar un sentido a tu vida con lo que tienes”.
Agrega que cada persona es distinta y que en el acompañamiento se usan diferentes herramientas, por ejemplo, escribir y dibujar (por mencionar algunas), ya que a través de estas la persona expresa lo que no puede hacer con palabras fácilmente.
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