La calle 16 de Septiembre y su largo camino por la historia

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Imagen Bicitandowordpress.com

 

Entre la aglomeración de los transeúntes, unos que caminan muy despacio y otros con prisa, se vislumbra, de pronto, un auto seguido de otro, pero también vemos ciclistas, a quienes se les permite transitar por ahí porque se trata de una calle diseñada para carros, bicicletas y peatones. El panorama no estaría completo si no existieran un sinnúmero de comercios que lo flanquean. Así es 16 de Septiembre, una de las avenidas más famosas de la Ciudad de México.

Y mientras escuchamos a los vendedores ambulantes, que no faltan en esta urbe, comienza una regresión en el tiempo y nos ubicamos en la Gran Tenochtitlan, justo en la época cuando  comenzó la  historia de esta vía que corre de 5 de Febrero a la altura de la Plaza de la Constitución hasta Eje Central. En aquel entonces, también era una calle mixta, con banquetas peatonales de tierra  y canales navegables, llamados acalotes; el que se encontraba en este viejo camino desembocaba en el embarcadero de Texcoco.

El tiempo pasó y durante la Nueva España, este canal se conservó para convertirse en parte de  la acequia real  de la Ciudad de México, por donde no sólo transitaban personas, sino también canoas que transportaban mercancías, como legumbres, frutas y flores que se cultivaban en las chinampas; por otro lado, cumplía con la función de desagüe; sin embargo, en 1788 el caudal se canceló.

Así, en plena etapa de la Colonia, se convirtió en la calle de los Portales, porque la mayoría de ellos se localizaba en esta área.

El recorrido comenzaba  con el Portal de los Agustinos, en donde hoy se localiza el Gran Hotel de la Ciudad de México. Le seguía el Portal del Águila de Oro; después, el del Refugio, y finalmente el de la Fruta.

De acuerdo con cada uno de sus tramos, la arteria tuvo varios nombres: Tlapaleros, por la cantidad de ferreterías y tlapalerías existentes muy cerca de la Plaza de la Constitución; Coliseo Viejo, donde se ubica la calle de Motolinía, por encontrarse ahí un coliseo viejo de madera; así como Del Refugio, a la altura de Palma e Isabel la Católica, predominando las droguerías, salones de belleza y mercerías.

Fue en el Porfiriato cuando su nombre cambió al que todos conocemos: 16 de Septiembre.

Desde el 2013, con su remodelación, gozamos de su estampa actual, con jardineras y prioridad para quienes decidimos dar un paseo a pie por esta avenida que ahora se ha convertido en un escenario al aire libre, pues músicos y cantantes de diversa índole, han encontrado ahí un espacio para manifestar su arte. Así, como si estuviéramos sentados en una butaca de un gran centro de espectáculos, es de regocijo caminar mientras está de fondo la música que emana de un saxofón o de un violín, o más aún, deleitarse con las arias más famosas interpretadas por esas voces de tenores, barítonos y sopranos.

Por su historia y su valor actual, la calle 16 de Septiembre es uno de esos tesoros que engrandecen a nuestra ciudad capital.

Isabel Martínez Olaya Periodista