Creo que todos en alguna plática o en alguna película hemos escuchado sobre ciertos síndromes que aquejan a algún conocido o a algún personaje.
Hoy me gustaría recorrer algunos de ellos y comentar sus características y manifestaciones. La gran mayoría no están contemplados en el manual de diagnóstico de psiquiatría publicado por la asociación psiquiátrica norteamericana en su última versión y que es referente mundial para el diagnóstico de enfermedades, trastornos o padecimientos psiquiátricos.
Antes de entrar a nombrarlos me gustaría definir qué es un síndrome.
Para no complicarnos mucho, se trata de un conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado provocado, en ocasiones, por la concurrencia de más de una enfermedad. Ahora encuadremos esto en el ámbito de lo psicológico, es decir lo relacionado con las emociones, afectos y sentimientos, así como la manera en que se expresan.

Síndrome de Estocolmo
Este término se utilizó por primera vez en Suecia en 1973 y describe un fenómeno de paradoja porque se presenta un vínculo afectivo entre un rehén y su captor. Algunos autores lo cuestionan mientras otros creen que es más general de lo que se piensa.
Yo creo que inclusive en la violencia doméstica o de pareja, por cuestiones de costumbres o aprendizaje se da mucho el permitir la perpetuación de un vínculo nocivo que pudiera tal vez empatar con lo propuesto por Sigmund Freud en su escrito más allá del principio del placer, donde sugiere que la preponderancia a la pulsión de muerte lleva al goce de lo doloroso y a la repetición de un conflicto.
El Síndrome de Peter Pan y Wendy.
Aquella persona que manifiesta este síndrome se caracteriza por ser una persona que no quiere renunciar a ser niño, que no puede enfrentar el madurar o tener responsabilidades. Estará en la búsqueda de una pareja que haga las funciones de adulto y tome las responsabilidades que esta persona rehúsa a asumir. La prevalencia parece indicar que es más frecuente en hombres aunque hay mujeres que lo manifiestan. Aquí hay que tomar en consideración la presencia de posibles histerias e histrionismos más del lado de lo neurótico.
La idea de envejecer les resulta aterradora y negativa y suelen ser personas irresponsables o inmaduras. Suelen evitar el compromiso, pueden tener una autoestima muy baja y poca tolerancia a la frustración. Pero en contraste, suelen presentarse con un falso self de personalidad alegre, propensos al ocio y a la diversión como cualquier niño.
Tienden a no permanecer mucho tiempo en una pareja por su miedo al compromiso. Se presentan como sujetos alegres, con muchas ganas de ocio y diversión. Son dependientes e inseguros, necesitados de ser cuidados y atendidos por sus parejas, con miedo a ser abandonados y verse solos sin saber que hacer consigo mismos. La falta de compromiso hace que tiendan a cambiar de parejas de forma frecuente y recurrente.
Peter Pan necesita de su Wendy y viceversa, pero ojo aquí, no nos confundamos, no se trata de que un hombre es Peter Pan y una mujer Wendy, es una metáfora y puede presentarse en cualquier género indistintamente.
El síndrome de Wendy por otro lado, está más relacionado con la personalidad histérica y co dependiente porque complementa la no capacidad de resolver problemas de Peter Pan y está conforme y “feliz” con ello. Tienden a sentirse necesitados e indispensables por su contraparte y pueden llegar a estados de angustia por resolver la vida de éste otro. Como una madre cuidadora de su hijo.
Hoy en día se presenta muy frecuentemente, por las exigencias de la competencia, la competitividad, la vida laboral extrema el síndrome de Burnout o “síndrome del trabajador quemado”.

Se trata de la presencia crónica de estrés laboral. Vemos como manifestaciones de este síndrome que la persona tiene agotamiento físico y mental por un tiempo prolongado y que provoca la alteración de su personalidad y autoestima.
De manera progresiva se va notando que pierde interés por las tareas asignadas a su desempeño laboral al tiempo que desarrolla una reacción negativa hacia el mismo. Regularmente suele presentarse en un ambiente de trabajo hostil, demasiado competitivo, exigente o poco reconocimiento de la eficiencia.
Algunas señales de alerta para detectar este síndrome son:
- Agotamiento físico y mental generalizado
El trabajador sufre una pérdida de energía en todos los niveles de salud a nivel físico y mental como fatiga crónica, aumento de peso o pérdida de apetito. Pueden aparecer dolores musculares, migrañas, problemas gastrointestinales y en las mujeres alteraciones en su ciclo menstrual.
En lo emocional hay presencia de estrés y ansiedad de hecho, este síndrome se fortalece con la presencia de estas dos manifestaciones y pueden dar como resultado trastornos adaptativos, depresión e insomnio.
- Despersonalización y cinismo
Se produce un cambio en el comportamiento donde se expresa indiferencia y desapego a sus funciones, se reduce su compromiso y altera sus relaciones interpersonales en el lugar de trabajo, tanto al interior como al exterior y es perceptible, pero no solo queda ahí, también se traslada al ámbito familiar y al entorno social.
- Descenso en la productividad laboral y desmotivación
Lo que genera frustración y se pierde el entusiasmo de alcanzar metas superiores. Se percibe alta de atención, olvidos y generalizada que proviene de la dificultad para concentrarse, convirtiéndose en un círculo vicioso que se retroalimenta constantemente. Al haber perdido el interés y sentirse en franca depresión ya no se percibe eficiente como antes y la incapacidad de cumplir adecuadamente con el trabajo, de concentrarse, hace que el trabajo se acumule dando pie a otra vuelta al círculo.
Síndrome del impostor

Este síndrome tiene que ver con aquellas personas que se perciben como un fraude, que suponen que las personas adivinan sus intenciones y que pensarán que realmente no sabe de lo que habla, son personas que les aterra el fracaso y el juicio ajeno.
El síndrome del impostor, a veces llamado síndrome del fraude, es un trastorno psicológico en el cual las personas exitosas son incapaces de asimilar sus logros. Aquí hago una sugerencia de lectura del material que nos propone Sigmund Freud en su artículo El que fracasa cuando triunfa. Algo de eso lo encuentran en mi página. Suelen sufrir en vez de gozar el triunfo pero no tiene mucho que ver con la baja autoestima o falta de confianza sino que en realidad minimizan y subestiman el éxito propio
Es decir, a pesar de haber puesto su talento y conocimiento en su desempeño, dudan de merecer el éxito y esa inseguridad les hace sentir como impostores, inclusive tienden a dar por sentado que se trata de un golpe de suerte y no de su talento. Por eso no soportan el reconocimiento de su éxito porque sienten que engañan a otros al pensar que son más inteligentes y capaces de lo que realmente son lo que puede traer como consecuencia el fracaso profesional y la obsesión.
Soy Mónica Chong.










