Complejo de Cenicienta

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Imagen: Fundelia

El complejo debe su nombre al conocido cuento de Cenicienta, historia basada en la idea de que la feminidad debe poseer inocencia, belleza y resignación, pero de ningún modo independencia.

En el relato de Cenicienta, ella es incapaz de alterar su condición de sirvienta sin la intervención de un hada madrina y desde luego, del típico ejemplar masculino representado en la historia: el Príncipe Azul; esa es la razón por la cual se considera a Cenicienta como la figura típica de la dama en apuros.

Dicho de otra manera, Cenicienta es el resumen de la mujer que solo puede cambiar el curso de su vida mediante el establecimiento de una relación con un hombre; de otra manera, será esclava por siempre.

La escritora norteamericana Colette Dowling escribió un libro en el que relataba cómo las mujeres con complejo de Cenicienta tienen cierto temor a la independencia y relacionan su felicidad con su estatus emocional, dando lugar a la insaciable y errónea búsqueda del “príncipe azul” para alcanzar la felicidad absoluta.

El patrón psicológico de las mujeres con el síndrome de Cenicienta cuenta con tres características básicas: un deseo inconsciente de ser cuidadas, rescatadas y atendidas constantemente por otras personas incluso ajenas a la pareja sentimental.

Este tipo de comportamiento puede explicarse por varios factores. Y es que según Colette Dowling, su raíz está en una suma de motivaciones: desde la manera en la que se educa a la mujer hasta ciertas reglas sociales que llevan a las mujeres a sentirse de esta manera, lo cual dificulta una explicación simple al problema.

Cinco consejos para superar el problema:

1. Cuida tus emociones

Definitivamente el paso más difícil y el primero a afrontar, pues es la base del todo. La independencia emocional se consigue definiendo bien lo que quieres, lo que te gusta y lo que no. En cuanto a tus relaciones personales, ya sea con amigos, compañeros de trabajo, familia o tu pareja sentimental, hay que dedicar esfuerzos a analizar dónde terminan las capacidades reales de una misma y dónde se hace verdaderamente necesaria la colaboración de los demás

2. Responsabilidad con el dinero

La idea de que lo normal y lo deseable es depende económicamente de la pareja constriñe mucho la propia libertad. Aprende a depender de ti misma y no pedir dinero a nadie.

3. Disfruta de la soledad

No hay que caer en pánico cuando te quedes sola. Valora tus momentos de soledad como algo con aspectos positivos y encuéntrate con tus propios pensamientos, sentimientos y temores.

4. Cultívate

Gozar de un mayor nivel de competencias y de conocimientos nos empodera y nos hace más libres y autónomos, independientemente de nuestro género.

5. Trabaja la autoestima

Este punto es tan primordial como el primero. Quererte a ti misma te ayudará a mostrarte como una mujer empoderada y segura. Amarte, sin caer en la arrogancia, hace que te respetes, te cuides, te cultives, etc. Lo mismo debes esperar de la gente que te rodea.

Fuente: www.familias.com, psicologiaymente.com